Les États-Unis vont assouplir les règles de limitation de la pollution pour les émissions des véhicules

Estados Unidos relajará las normas que limitan la contaminación emitida por los vehículos.

En un importante punto de inflexión para la industria automovilística estadounidense, parece que la presidencia de Joe Biden está recalibrando su estrategia medioambiental, según revelaciones del New York Times. De hecho, ante la presión de los fabricantes de automóviles y de los sindicatos, la administración Biden está considerando relajar las drásticas normas inicialmente previstas por la Agencia de Protección Ambiental (EPA). Estas regulaciones restrictivas habrían obligado a los fabricantes de automóviles a hacer de los vehículos eléctricos (EV) el centro de su producción para 2032.

El reto de pasarse a eléctrico No sólo radica en reducir los costos asociados a estas tecnologías sino también en el establecimiento de una extensa infraestructura de carga en todo Estados Unidos. Los fabricantes argumentan que necesitan más tiempo para lograrlo, mensaje que parece haber sido escuchado por la administración.

En paralelo, cuestiones sindicales también pesar en la balanza. Los líderes sindicales han utilizado su influencia sobre Biden para ampliar los plazos, con la esperanza de ampliar la afiliación sindical en las nuevas fábricas de vehículos eléctricos. Este apoyo sindical se considera esencial para Biden, sobre todo ahora que se acerca un período electoral tenso, marcado por una alarmante crisis climática y las críticas del expresidente Donald Trump.

La ambición inicial de la EPA reflejaba un salto cualitativo para el sector: garantizar que los vehículos eléctricos representen el 67% de las ventas de vehículos ligeros nuevos y el 46% de las ventas de vehículos medianos para 2032. Para ponerlo en perspectiva, esas cifras representarían un aumento asombroso desde el 7,6 por ciento de ventas de vehículos eléctricos reportadas el año anterior por el Times. Sin embargo, la consecución de estos objetivos parece comprometida. Por un lado, las ventas de vehículos eléctricos se han desacelerado y, por otro, la industria favorece los modelos eléctricos más pesados, como camiones grandes y SUV, cuya cadena de suministro actual no puede respaldar la producción a un costo asequible.

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En este contexto, la administración Biden se encuentra en una encrucijada al tratar de equilibrar los imperativos ambientales globales con las realidades económicas y sociales inmediatas. Este cambio, de confirmarse, podría marcar una nueva etapa en la transición energética estadounidense, una delicada maniobra que oscila entre la ambición ecológica y el pragmatismo económico.